Dmitri Shostakovich es sin duda un compositor verdaderamente particular por muchos motivos: fue uno de los compositores más originales del siglo veinte en un contexto que prohibía la innovación en el arte como era la Unión Soviética. Poseía un casquillo incrustado en la cabeza, y cuentan que solamente tenía que inclinar el oído en el lado de la lesión para poder escuchar melodías. Fue un niño prodigio: escribió su primera sinfonía a los diecinueve años y fue considerado ya desde entonces como el primer y con el tiempo más grande compositor soviético. Escribió el principio de su séptima sinfonía durante el ataque de Leningrado en la Segunda Guerra Mundial, obra que fue estrenada en Stalingrado durante el asedio de los nazis. Y fue uno de los grandes sinfonistas del siglo XX al lado de Gustav Mahler y Philip Glass, y de los pocos compositores que se ha atrevido a escribir más de nueve sinfonías después de la muerte de Beethoven. Y hoy hablaremos de mi obra favorita: su catorceava sinfonía, aquí en la versión de Valeri Gergiev, director del Teatro Marinsky: https://www.youtube.com/watch?v=Ld79XQvSaC8&feature=plcp y mi versión favorita, de Mstislav Rostropovich https://www.youtube.com/watch?v=D4de2rKHV38
La Catorceava Sinfonía es una obra provocadora que consiste en once movimientos, que corresponden a once poemas de diferentes autores traducidos al ruso que hablan acerca de la muerte. En el momento de su composición (entre 1968 y 1969), con la enorme crisis que se vivía en el mundo y el compositor con una salud muy quebrantada por el cáncer de pulmón que sufría, realiza una obra sombría y profunda acerca de la imposibilidad del hombre para escapar de la muerte. Obra para conjunto de cuerdas y percusiones, soprano y bajo, es la obra que más tristeza y desesperación es capaz de expresar a través de la forma musical y su contenido.
En su contenido temático es una respuesta a las Canciones de muerte de Modest Mussorgski, obra que algunos meses de empezar la composición de la sinfonía Shostakovich había reorquestado unos meses antes. Sin embargo la desesperación que trasmite la obra refleja lo cerca que ya sentía Shostakovich su propia muerte y no oculta su miedo en toda la obra.
En su contenido temático es una respuesta a las Canciones de muerte de Modest Mussorgski, obra que algunos meses de empezar la composición de la sinfonía Shostakovich había reorquestado unos meses antes. Sin embargo la desesperación que trasmite la obra refleja lo cerca que ya sentía Shostakovich su propia muerte y no oculta su miedo en toda la obra.
En cuanto a su estructura la elección de once movimientos no es gratuita, y sin duda se refiere a la referencia bíblica del Apocalipsis de la última hora. El once es el número de la decadencia, ya que según la tradición romana era la última hora de luz antes del ocaso.
Primer Movimiento: De profundis
Los cien enamorados duermen para siempre bajo la tierra seca. Andalucía tiene largos caminos rojos. Córdoba, olivos verdes donde poner cien cruces, que los recuerden. Los cien enamorados duermen para siempre.
Federico García Lorca
El primer movimiento es interpretado por el bajo, en un tono de mucha tristeza y repitiendo el problema dos veces. Los violines cortan como navajas y el ambiente que refleja es oscuro y muy perturbador. La elección de Shostakovich por un poeta español de destino tan trágico es sin duda una reivindicación política de sí mismo, reconociendo la tragedia de Lorca en la Guerra Civil Española y reconociéndose él mismo en su lucha contra Stalin y los ataques a su obra. Pero sin duda el compositor va más allá, reconociendo en los enamorados ausentes el vacío de alegría en un poema donde la muerte lo domina todo.
Segundo Movimieno: Malagueña
La muerte entra y sale de la taberna. Pasan caballos negros y gente siniestra por los hondos caminos de la guitarra. Y hay un olor a sal y a sangre de hembra, en los nardos febriles de la marina. La muerte entra y sale, y sale y entra la muerte de la taberna.
Federico García Lorca
El uso de los violines como motivo de la muerte presenta su punto máximo en este movimiento, el más disonante y de sonoridad más cruda de toda la sinfonía. Escuchamos cómo la personificación de la muerte desintegra la tranquilidad perturbadora del primer movimiento, en una especie de delirio frenético por la presencia de la muerte en el mundo, entrando y saliendo con las almas de los mortales. Este sentimiento se ve reforzado por la por su elección de mantener los poemas en ruso, que es este caso hace que la sonoridad sea dislocada y muy constrastante, con cambios muy rápidos de velocidad y de ritmo.
Tercer Movimiento: Loreley
[...] Estoy cansada de vivir y mis ojos son malditos y los que me han mirado, obispo, han perecido. [...]
Guillaume Apollinaire
Continúa la sinfonía con la historia de Loreley, un poema que describe la historia de la hechicera epónima que asesina a los hombres por despecho del amado que la abandonó (no sabemos si por su voluntad o por el afán de sangre de la mujer), por lo que le pide al obispo que la libre de su hechicería y de su vida. El obispo se niega debido a su belleza y al ser rechazado la condena a ser recluida en un convento. En el camino engaña a los guardias y se suicida al caer por un peñasco a las aguas del Rhin.
Esta parte de la sinfonía es cantada en quasi - parlando, porque el poema es tan largo que debe ser dicho a gran velocidad y con enorme dramatismo ante la súplica de la hechicera. Este poema habla del deseo de la muerte por el afán de destrucción de la hechicera, que ya no quiere seguir matando pero ya no puede detenerse. Ese afán de destrucción total impregna el movimiento en el que domina la soprano, apenas adornado por los violines.
El uso de los poemas nos habla del carácter cosmopolita de la obra que pretende ser universal, reflejando que la angustia de la muerte existe en todo el mundo y nadie puede escapar. Es con esta elección de obras como Shostakovich va construyendo una especie de epitafio que incluye y consume a todo el mundo por igual.
Cuarto Movimiento: El Suicidio
Tres largos lirios, tres largos lirios sobre mi tumba sin cruz. Tres largos lirios emplovados de oro y casi arrancados por el viento, beben solos bajo un cielo sobre el que cae la noche, majestuosos y bellos como espectros de reyes. [...]
Guillaume Apollinaire
Casi como una continuación del movimiento anterior, se presenta uno de los momentos cumbres de la Sinfonía. Disminuyendo la velocidad y con ecos del primer movimiento, el poema que sobre la tumba de un suicida impone un alto del frenesí de la muerte para regresar a la tranquilidad del difunto, que ha elegido la muerte y por tanto será apartado de la salvación eterna. Esos lirios crecen bebiendo la sangre del difunto, resurgiendo como el alma que ha abandonado su cuerpo con la esperanza de alcanzar la inmortalidad, pero frágiles y amenazados por el viento como el mismo cuerpo que se quedó sin vida. La descripción del suicidio se rompe abruptamente por otro fragmento musical, describiendo el suicidio en la obra misma para transitar al siguiente movimiento.
Quinto y Sexto Movimiento: Las Atenciones
[...] - Señora, mire, ha perdido algo. -Es mi corazón, una cosa sin importancia. [...]
Guillaume Apollinaire
Apollinaire cuenta en este poema la historia de una mujer que perdió a su amor en la guerra, un tema muy sensible todavía en la época en la que Shostakovich escribió. Después de la Revolución Rusa y la Segunda Guerra Mundial, el drama de la mujer que pierde a su amor en la trinchera casi de manera inocente se nos muestra real y crudo gracias a la música. El xilófono es usado de manera magistral para unificar ambos movimientos basados en el mismo poema, dividido en dos debido a la forma del mismo: en la primera es una descripción de la mujer sobre su amado, en el segundo es un diálogo entre ella y el hombre que le avisa que su amado ha muerto. En el quinto movimiento el xilófono, casi una metáfora de la locura, suena con una melodía muy pegadiza, teniendo de fondo al tambor militar que recuerda a la Séptima Sinfonía. En el Sexto Movimiento se disloca la narración por la intervención del bajo y la variación de la melodía del xilófono que se pierde al final del movimiento. En la crudeza de la melodía encontramos la locura a la que encuentra la mujer al final, cuando se enfrenta a la muerte de su amado.
Séptimo Movimiento: Antes de entrar a mi celda
Antes de entrar a mi celda debo de estar desnudo, y una voz siniestra susurra: Guillaume, ¿qué has hecho de ti? Lázaro entra a la tumba, en lugar de salir como hizo; adiós ronda de canto, adiós a mis mujeres, adiós mi juventud.
Guillaume Apollinaire
Un poema corto y desconcertante, tratado con una melodía difícil de seguir. Se presenta por primera vez el uso de las claves, que seguirá en el último movimiento de la obra. Un movimiento extraño, que posee un gran intermedio musical que simplemente refleja la angustia del aislamiento del que se habla en el poema. La orquestación desde aquí comenzará a disminuir como una metáfora de la vida que agoniza.
Octavo Movimiento: Respuesta de los cosacos zapórogos al Sultán de Constantinopla
Uno de los momentos más desconcertantes de la sinfonía es la inclusión de este extraño poema con un contexto histórico muy cercano a los rusos (finalmente una provocación ya que recuerda la formación de la Rusia zarista con el apoyo de los cosacos en un momento donde se pretendía borrar la huella de los zares rusos). En el siglo XVII el sultán de Constantinopla Mehmed IV fue derrotado por las fuerzas del famoso cosaco Ivan Sarko. En un acto disparatado de estupidez el Sultán escribe una carta a las fuerzas cosacas exigiéndoles que se rindieran. Los ucranianos en respuesta escribieron otra carta llena de insultos hacia el Sultán y sus pretensiones de exigir la rendición. Es el último poema de Apollinaire usado en la obra, y contrasta de inmediato por el tema que deja de lado las referencias solemnes a la muerte para inundar de burla y absurdo a la obra. Con el uso de un tema de violines muy característico de la música popular rusa, el bajo declama con sorna el poema:
Aún más criminal que Barrabás, cornudo como el ángel caído, qué Belcebú allá eres tú, inundado de mierda y de fango, nunca iremos a tus orgías. Pescado podrido de Salónica, gran collar de sueños pavorosos, de ojos reventados a picazos tu madre se tiró un pedo sólido y tú de su cólico naciste. Verdugo de Podolia Amador, de llagas de úlcera de costras, jeta de cerdo, culo de yegua, tus tesoros resguárdalos bien para pagar tus medicamentos.
Giullaume Apollinaire
La última burla de Shostakovich sobre los tiranos que usan a la muerte como arma. Última burla también a Stalin quien era la muerte misma y de quien logró sobrevivir al final. En esta burla el pueblo ruso se burla de su opresor, de la muerte misma, aunque también nos deja con la impresión de ser un acto absurdo ante la ominosa y absoluta presencia de la muerte en el resto de la obra. Es un poco una ruptura inconsciente, para afirmar la vida alrededor de la muerte, el alter ego final que poco a poco desaparece por el silencio de la muerte. Este movimiento enlaza temáticamente el final de la obra, que habla del enfrentamiento del poeta frente al poder de la muerte como una metáfora de la opresión en todas sus formas. Los últimos tres movimientos de la obra hablan sobre la muerte de los poetas, como una última expresión del final de la vida del artista.
Noveno Movimiento: O Del´vig , Del´vig
Oh, Délvig, Délvig, ¿qué recompensa hay para nobles deudas y versos? ¿Dónde y cómo el gozo del talento puede oponerse a los villanos y a los necios? En la mano austera de Juvenal el látigo apretado silba en los villanos y enrojece el color de sus mejillas. El poder de los tiranos tiembla.
Wilheim Küchelbecker
El único poema escrito por un poeta ruso de la obra. De padres alemanes, Küchelbecker fue un poeta del siglo XVIII contemporáneo a Délvig, otro poeta y periodista de importancia en Rusia durante el absolutismo de Pedro el Grande. Dedica este poema a su muerte, que impactó también a Pushkin ya que fueron colegas muy cercanos. La obra nos habla del poeta que ha fracasado en la oposición al poder debido a que lo ha alcanzado la muerte, pero se nota en la melodía de los violines el pequeño dejo de esperanza en el cual el mundo estaba cambiando. Nuevamente hay una referencia a la vida de Shostakovich, que a través de los acordes tristes y amargos del movimiento denota su propia posición ante su muerte al haber enfrentado tantas veces al poder comunista.
Décimo Movimiento: La muerte del poeta
Yacía. Su erguido semblante estaba pálido y arisco sobre el grueso cojín, quien en su tiempo lo supo todo sobre el mundo, privado de sus sentidos recuperó la indiferencia cotidiana.
Quienes lo vieron vivir así ignoraban hasta qué punto se identificaba con él con
todo esto, pues esto, estas profundidades, estos prados y estas aguras fueron su rostro.
Oh, su rostro tuvo esta expansión que aún le alcanza y le ronda: y su máscara que medrosa se extingue es toda delicadeza cuando yace abierta como el interior de un fruto que se pudre a la imtemperie.
Rainer Maria Rilke
Termina la obra con dos de los poemas por excelencia que hablan de la muerte. De manera cruda regresa al tema original del Primer Movimiento, pero es ahora la soprano quien revela el reverso de la obra. Ahora se nos habla sin ningún adorno y con una instrumentación magistral del poeta que yace en su lecho, que ha perdido la vida y del que no queda nada por decir. Contemplamos su cadáver: la obra está a punto de concluir. Ya en algunos pasajes se escuchan silencios largos.
Sin embargo nos espera la sorpresa del último movimiento, anunciado con las claves y cantando ambos solistas. La muerte nos sonríe, a sabiendas que de ella jamás escaparemos.
Onceavo Movimiento: Conclusión
La muerte es grandiosa. Vamos a ella con bocas sonrientes. Cuando creemos que se encuentra en el centro de nuestras vidas, ella llora dentro de nosotros
Rainer Maria Rilke
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