Que no les quepa la menor duda de que la vida es injusta. Por supuesto, esa afirmación es válida para los que creen en la justicia, porque yo jamás he tenido alguna evidencia de la justicia o algún beneficio que haya surgido por creer en ella. Un gran ejemplo es la vida de los grandes escritores: poquísimos miembros del canon gozaron de fama y fortuna mientras vivieron, muchos murieron en el olvido y la mayoría ejercía otro oficios para sobrevivir. En realidad la fama y fortuna literaria es más una cuestión de suerte que un resultado de los méritos de la obra.
El ejemplo más perturbador es para mí el caso de John Kennedy Toole. Si usted no ha leído su gran novela, "La conjura de los necios", le sugiero que pare la lectura de este artículo y disfrute de esta gran obra. Y como especial sugerencia lea el prólogo hasta que haya terminado de leerla.
Y es que la novela es con facilidad una de las grandes obras del siglo veinte. Combina humor con situaciones ridículas que en el fondo nos habla de auténticas tragedias: la segregación racial en Estados Unidos, la incapacidad de la sociedad para incluir a la juventud, el desprecio a la cultura y la represión policiaca. Está escrito con una gran soltura, impresiona por sus citas tan cultas en medio de situaciones cotidianas, sus descripciones tan vívidas de los ambientes de Nueva Orleans y del.espíritu de los sesenta.
¿Por qué es tan desconocido un escritor tan genial? La razón está en el atroz prólogo de la obra.
El suicidio de Kennedy Toole tan prematuro es una de las grandes tragedias de la historia de la literatura. Su desesperación queda clara cuando recibe el primer editor el genial manuscrito. Nadie en vida del escritor quiso publicarlo, y la genialidad de la ls obra hace pensar que Kennedy Toole era consciente de su genio y parte de las razones de su suicidio era enfrentar la terrible verdad que el genio no basta para tener éxito en literatura. Si ese fue el destino de uno de los más grandes escritores del siglo veinte, no nos quedan muchas esperanzas a los mortales.
Tal vez nos hemos perdido de grandes obras debido al imperio dr la fortuna. Solamente nos queda consolarnos con los clásicos que conocemos, no perder la fe y buscar los buenos libros por encima de las modas y los prejuicios.
jueves, 25 de octubre de 2012
Los escritores y la suerte
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