viernes, 2 de noviembre de 2012

Ofrenda de Día de Muertos

Hoy las fotos que tomé el miércoles en la ofrenda de la UNAM.

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martes, 30 de octubre de 2012

Cronos de Goya

Cronos se nos queda mirando con sus ojos salvajes y ansiosos. Come a uno de sus hijos a quien le ha arrancadlo la cabeza y de quien queda el torso desnudo y ensangrentado del decapitado. No deja de ser enormemente perturbador el semblante del Titán, casi diciéndonos que nosotros somos las siguientes víctimas. Y es que la relación antropofágica entre el tiempo y la muerte no ha sido abordado lo suficiente. Cronos nos consume en la imagen en toda su oscuridad y enorme brutalidad, donde el arte conmueve por su terrible honestidad: a todos el tiempo habrá de consumirnos, porque todos somos hijos de Cronos. A diferencia de las pomposas alegorías de la muerte, el tiempo ha pasado enormemente más discreto en la historia del arte, casi reducido a objetos. Goya nos muestra al verdadero monstruo en todo su poder y horror, siempre sediento se sangre y rodeado por la oscuridad más absoluta. Nos gustan las representaciones de las calaveras catrinas porque nos son familiares. Lidiar con la imaginería de la muerte nos es familiar y podemos enfrentarlo. Todavía nos perturba el retrato de Goya, el espejo de la humanidad: el tiempo nos devora a todos.

lunes, 29 de octubre de 2012

Los fantasmas de Hamlet

Hamlet es una de las obras cumbre de la literatura inglesa por su capacidad para poder proyectar los miedos de los seres humanos, por mostrar la crudeza de la lucha por el poder y la hipocresía del resguardo de los valores en un mundo en crisis, de la imposibilidad de un amor puro y de una amistad sincera en medio de tanta inmundicia y la tragedia de un joven que no puede sustraerse de toda esa corrupción. Pero a veces olvidamos que, ante todas las cosas, Hamlet es una historia de fantasmas. 
A diferencia de otras obras de Shakespeare, donde es la decisión de los mismos personajes los que finalmente provocan la tragedia (los celos de Otelo, el amor de Julieta, la ambición de Macbeth), en esta obra es el fantasma del pasado (entendido de muy diversas formas, desde un recuerdo persistente que se niega a desaparecer hasta un auténtico espectro de la otra vida) es el que ordena a Hamlet que vengue su muerte. Es verdad que Hamlet pudo negarse a la petición, quedando la duda de cómo su razón pudo haberse visto comprometida aún más ante esa decisión, pero el dramaturgo decide no seguir por ese camino. La pregunta fundamental de la obra es qué tanto es posible la libertad humana ante los actos de los demás que al final terminan marcando nuestro propio destino. 
¿Cómo podemos entender al fantasma del Rey Hamlet? Podemos verlo en el Dios de los profetas bíblicos, que en contra de su voluntad tuvieron que predicar a Israel sobre sus crímenes y ofensas a Dios (basta recordar a Job dentro de la ballena, a Jeremías quejándose en sus lamentaciones o a las excusas de Amós al considerarse un simple pastor). Podemos escucharlo en el Corazón Delator de Poe o en el Cuervo, donde la conciencia de lo sucedido termina por arrojar a los personajes a la desesperación. También podríamos verlo en los fantasmas de Scrooge, donde Dickens maneja con gran maestría las visiones de la vida de un hombre ambicioso y sin escrúpulos que ha arruinado poco a poco su vida y la vida de los demás. En estos y muchos ejemplos los fantasmas juegan el rol visible de la conciencia de los personajes, donde sus actos terminan por marcar su destino, para bien o para mal. 
Sin embargo, el caso de Hamlet es muy particular, ya que los actos que marcan su destino son justo posteriores a su nacimiento. Es en este estado de cosas, del cual el personaje no tiene ninguna culpa ni responsabilidad, en el cual su muerte se desarrolla por un motivo muy particular: es una injusticia la usurpación del trono por parte del tío de Hamlet, y esa iniquidad debe ser vengada por el heredero. Probablemente los motivos del príncipe de Dinamarca ya nos son muy ajenos, pero el tema sigue estando presente: el pasado marca nuestras vidas de manera que ni nosotros mismos a veces queremos aceptar. 
A veces son las decisiones de nuestros padres o nuestros abuelos las que no nos dejan continuar nuestro camino por el presente por sus errores, a veces son nuestros mismos actos los que marcan la imposibilidad de lograr aquello que deseamos o aquello que marca nuestros temores, a veces son los daños o los beneficios que nos hicieron los demás lo que marca nuestro sentido en la vida. El significado de los hechos nos va marcando poco a poco, querámoslo o no, y deshacernos de las faltas, las culpas y los errores a veces están más allá de nuestras propias fuerzas, como estaban en Hamlet. 
Sin duda el aspecto más atemorizante de la obra no es el fantasma en sí mismo, sino aquello que significa: que el pasado nos marca para siempre.  

domingo, 28 de octubre de 2012

Shostakovich y el triunfo de la muerte

Dmitri Shostakovich es sin duda un compositor verdaderamente particular por muchos motivos: fue uno de los compositores más originales del siglo veinte en un contexto que prohibía la innovación en el arte como era la Unión Soviética. Poseía un casquillo incrustado en la cabeza, y cuentan que solamente tenía que inclinar el oído en el lado de la lesión para poder escuchar melodías. Fue un niño prodigio: escribió su primera sinfonía a los diecinueve años y fue considerado ya desde entonces como el primer y con el tiempo más grande compositor soviético. Escribió el principio de su séptima sinfonía durante el ataque de Leningrado en la Segunda Guerra Mundial, obra que fue estrenada en Stalingrado durante el asedio de los nazis. Y fue uno de los grandes sinfonistas del siglo XX al lado de Gustav Mahler y Philip Glass, y de los pocos compositores que se ha atrevido a escribir más de nueve sinfonías después de la muerte de Beethoven. Y hoy hablaremos de mi obra favorita: su catorceava sinfonía, aquí en la versión de Valeri Gergiev, director del Teatro Marinsky:   https://www.youtube.com/watch?v=Ld79XQvSaC8&feature=plcp y mi versión favorita, de Mstislav Rostropovich https://www.youtube.com/watch?v=D4de2rKHV38
La Catorceava Sinfonía es una obra provocadora que consiste en once movimientos, que corresponden a once poemas de diferentes autores traducidos al ruso que hablan acerca de la muerte. En el momento de su composición (entre 1968 y 1969), con la enorme crisis que se vivía en el mundo y el compositor con una salud muy quebrantada por el cáncer de pulmón que sufría, realiza una obra sombría y profunda acerca de la imposibilidad del hombre para escapar de la muerte. Obra para conjunto de cuerdas y percusiones, soprano y bajo, es la obra que más tristeza y desesperación es capaz de expresar a través de la forma musical y su contenido.
En su contenido temático es una respuesta a las Canciones de muerte de Modest Mussorgski, obra que algunos meses de empezar la composición de la sinfonía Shostakovich había reorquestado unos meses antes. Sin embargo la desesperación que trasmite la obra refleja lo cerca que ya sentía Shostakovich su propia muerte y no oculta su miedo en toda la obra. 
En cuanto a su estructura la elección de once movimientos no es gratuita, y sin duda se refiere a la referencia bíblica del Apocalipsis de la última hora. El once es el número de la decadencia, ya que según la tradición romana era la última hora de luz antes del ocaso.

Primer Movimiento: De profundis

Los cien enamorados duermen para siempre bajo la tierra seca. Andalucía tiene largos caminos rojos. Córdoba, olivos verdes donde poner cien cruces, que los recuerden. Los cien enamorados duermen para siempre. 

Federico García Lorca

El primer movimiento es interpretado por el bajo, en un tono de mucha tristeza y repitiendo el problema dos veces. Los violines cortan como navajas y el ambiente que refleja es oscuro y muy perturbador. La elección de Shostakovich por un poeta español de destino tan trágico es sin duda una reivindicación política de sí mismo, reconociendo la tragedia de Lorca en la Guerra Civil Española y reconociéndose él mismo en su lucha contra Stalin y los ataques a su obra. Pero sin duda el compositor va más allá, reconociendo en los enamorados ausentes el vacío de alegría en un poema donde la muerte lo domina todo. 

Segundo Movimieno: Malagueña 

La muerte entra y sale de la taberna. Pasan caballos negros y gente siniestra por los hondos caminos de la guitarra. Y hay un olor a sal y a sangre de hembra, en los nardos febriles de la marina. La muerte entra y sale, y sale y entra la muerte de la taberna.

Federico García Lorca

El uso de los violines como motivo de la muerte presenta su punto máximo en este movimiento, el más disonante y de sonoridad más cruda de toda la sinfonía. Escuchamos cómo la personificación de la muerte desintegra la tranquilidad perturbadora del primer movimiento, en una especie de delirio frenético por la presencia de la muerte en el mundo, entrando y saliendo con las almas de los mortales. Este sentimiento se ve reforzado por la por su elección de mantener los poemas en ruso, que es este caso hace que la sonoridad sea dislocada y muy constrastante, con cambios muy rápidos de velocidad y de ritmo.

Tercer Movimiento: Loreley

[...] Estoy cansada de vivir y mis ojos son malditos y los que me han mirado, obispo, han perecido. [...]

Guillaume Apollinaire

Continúa la sinfonía con la historia de Loreley, un poema que describe la historia de la hechicera epónima que asesina a los hombres por despecho del amado que la abandonó (no sabemos si por su voluntad o por el afán de sangre de la mujer), por lo que le pide al obispo que la libre de su hechicería y de su vida. El obispo se niega debido a su belleza y al ser rechazado la condena a ser recluida en un convento. En el camino engaña a los guardias y se suicida al caer por un peñasco a las aguas del Rhin.
Esta parte de la sinfonía es cantada en quasi - parlando, porque el poema es tan largo que debe ser dicho a gran velocidad y con enorme dramatismo ante la súplica de la hechicera. Este poema habla del deseo de la muerte por el afán de destrucción de la hechicera, que ya no quiere seguir matando pero ya no puede detenerse. Ese afán de destrucción total impregna el movimiento en el que domina la soprano, apenas adornado por los violines.
El uso de los poemas nos habla del carácter cosmopolita de la obra que pretende ser universal, reflejando que la angustia de la muerte existe en todo el mundo y nadie puede escapar. Es con esta elección de obras como Shostakovich va construyendo una especie de epitafio que incluye y consume a todo el mundo por igual.

Cuarto Movimiento: El Suicidio

Tres largos lirios, tres largos lirios sobre mi tumba sin cruz. Tres largos lirios emplovados de oro y casi arrancados por el viento, beben solos bajo un cielo sobre el que cae la noche, majestuosos y bellos como espectros de reyes. [...]

Guillaume Apollinaire

Casi como una continuación del movimiento anterior, se presenta uno de los momentos cumbres de la Sinfonía. Disminuyendo la velocidad y con ecos del primer movimiento, el poema que sobre la tumba de un suicida impone un alto del frenesí de la muerte para regresar a la tranquilidad del difunto, que ha elegido la muerte y por tanto será apartado de la salvación eterna. Esos lirios crecen bebiendo la sangre del difunto, resurgiendo como el alma que ha abandonado su cuerpo con la esperanza de alcanzar la inmortalidad, pero frágiles y amenazados por el viento como el mismo cuerpo que se quedó sin vida. La descripción del suicidio se rompe abruptamente por otro fragmento musical, describiendo el suicidio en la obra misma para transitar al siguiente movimiento.

Quinto y Sexto Movimiento: Las Atenciones

[...] - Señora, mire, ha perdido algo. -Es mi corazón, una cosa sin importancia. [...]

Guillaume Apollinaire

Apollinaire cuenta en este poema la historia de una mujer que perdió a su amor en la guerra, un tema muy sensible todavía en la época en la que Shostakovich escribió. Después de la Revolución Rusa y la Segunda Guerra Mundial, el drama de la mujer que pierde a su amor en la trinchera casi de manera inocente se nos muestra real y crudo gracias a la música. El xilófono es usado de manera magistral para unificar ambos movimientos basados en el mismo poema, dividido en dos debido a la forma del mismo: en la primera es una descripción de la mujer sobre su amado, en el segundo es un diálogo entre ella y el hombre que le avisa que su amado ha muerto. En el quinto movimiento el xilófono, casi una metáfora de la locura, suena con una melodía muy pegadiza, teniendo de fondo al tambor militar que recuerda a la Séptima Sinfonía. En el Sexto Movimiento se disloca la narración por la intervención del bajo y la variación de la melodía del xilófono que se pierde al final del movimiento. En la crudeza de la melodía encontramos la locura a la que encuentra la mujer al final, cuando se enfrenta a la muerte de su amado.

Séptimo Movimiento: Antes de entrar a mi celda

Antes de entrar a mi celda debo de estar desnudo, y una voz siniestra susurra: Guillaume, ¿qué has hecho de ti? Lázaro entra a la tumba, en lugar de salir como hizo; adiós ronda de canto, adiós a mis mujeres, adiós mi juventud.

Guillaume Apollinaire

Un poema corto y desconcertante, tratado con una melodía difícil de seguir. Se presenta por primera vez el uso de las claves, que seguirá en el último movimiento de la obra. Un movimiento extraño, que posee un gran intermedio musical que simplemente refleja la angustia del aislamiento del que se habla en el poema. La orquestación desde aquí comenzará a disminuir como una metáfora de la vida que agoniza.

Octavo Movimiento: Respuesta de los cosacos zapórogos al Sultán de Constantinopla

Uno de los momentos más desconcertantes de la sinfonía es la inclusión de este extraño poema con un contexto histórico muy cercano a los rusos (finalmente una provocación ya que recuerda la formación de la Rusia zarista con el apoyo de los cosacos en un momento donde se pretendía borrar la huella de los zares rusos). En el siglo XVII el sultán de Constantinopla Mehmed IV fue derrotado por las fuerzas del famoso cosaco Ivan Sarko. En un acto disparatado de estupidez el Sultán escribe una carta a las fuerzas cosacas exigiéndoles que se rindieran. Los ucranianos en respuesta escribieron otra carta llena de insultos hacia el Sultán y sus pretensiones de exigir la rendición. Es el último poema de Apollinaire usado en la obra, y contrasta de inmediato por el tema que deja de lado las referencias solemnes a la muerte para inundar de burla y absurdo a la obra. Con el uso de un tema de violines muy característico de la música popular rusa, el bajo declama con sorna el poema:

Aún más criminal que Barrabás, cornudo como el ángel caído, qué Belcebú allá eres tú, inundado de mierda y de fango, nunca iremos a tus orgías. Pescado podrido de Salónica, gran collar de sueños pavorosos, de ojos reventados a picazos tu madre se tiró un pedo sólido y tú de su cólico naciste. Verdugo de Podolia Amador, de llagas de úlcera de costras, jeta de cerdo, culo de yegua, tus tesoros resguárdalos bien para pagar tus medicamentos.

Giullaume Apollinaire

La última burla de Shostakovich sobre los tiranos que usan a la muerte como arma. Última burla también a Stalin quien era la muerte misma y de quien logró sobrevivir al final. En esta burla el pueblo ruso se burla de su opresor, de la muerte misma, aunque también nos deja con la impresión de ser un acto absurdo ante la ominosa y absoluta presencia de la muerte en el resto de la obra. Es un poco una ruptura inconsciente, para afirmar la vida alrededor de la muerte, el alter ego final que poco a poco desaparece por el silencio de la muerte. Este movimiento enlaza temáticamente el final de la obra, que habla del enfrentamiento del poeta frente al poder de la muerte como una metáfora de la opresión en todas sus formas. Los últimos tres movimientos de la obra hablan sobre la muerte de los poetas, como una última expresión del final de la vida del artista.

Noveno Movimiento: O Del´vig , Del´vig

Oh, Délvig, Délvig, ¿qué recompensa hay para nobles deudas y versos? ¿Dónde y cómo el gozo del talento puede oponerse a los villanos y a los necios? En la mano austera de Juvenal el látigo apretado silba en los villanos y enrojece el color de sus mejillas. El poder de los tiranos tiembla.

Wilheim Küchelbecker

El único poema escrito por un poeta ruso de la obra. De padres alemanes, Küchelbecker fue un poeta del siglo XVIII contemporáneo a Délvig, otro poeta y periodista de importancia en Rusia durante el absolutismo de Pedro el Grande. Dedica este poema a su muerte, que impactó también a Pushkin ya que fueron colegas muy cercanos.  La obra nos habla del poeta que ha fracasado en la oposición al poder debido a que lo ha alcanzado la muerte, pero se nota en la melodía de los violines el pequeño dejo de esperanza en el cual el mundo estaba cambiando. Nuevamente hay una referencia a la vida de Shostakovich, que a través de los acordes tristes y amargos del movimiento denota su propia posición ante su muerte al haber enfrentado tantas veces al poder comunista.

Décimo Movimiento: La muerte del poeta 

Yacía. Su erguido semblante estaba pálido y arisco sobre el grueso cojín, quien en su tiempo lo supo todo sobre el mundo, privado de sus sentidos recuperó la indiferencia cotidiana.

Quienes lo vieron vivir así ignoraban hasta qué punto se identificaba con él con
todo esto, pues esto, estas profundidades, estos prados y estas aguras fueron su rostro.

Oh, su rostro tuvo esta expansión que aún le alcanza y le ronda: y su máscara que medrosa se extingue es toda delicadeza cuando yace abierta como el interior de un fruto que se pudre a la imtemperie.
 


Rainer Maria Rilke

Termina la obra con dos de los poemas por excelencia que hablan de la muerte. De manera cruda regresa al tema original del Primer Movimiento, pero es ahora la soprano quien revela el reverso de la obra. Ahora se nos habla sin ningún adorno y con una instrumentación magistral del poeta que yace en su lecho, que ha perdido la vida y del que no queda nada por decir. Contemplamos su cadáver: la obra está a punto de concluir. Ya en algunos pasajes se escuchan silencios largos
Sin embargo nos espera la sorpresa del último movimiento, anunciado con las claves y cantando ambos solistas. La muerte nos sonríe, a sabiendas que de ella jamás escaparemos. 

Onceavo Movimiento: Conclusión

La muerte es grandiosa. Vamos a ella con bocas sonrientes. Cuando creemos que se encuentra en el centro de nuestras vidas, ella llora dentro de nosotros

Rainer Maria Rilke 

 

   

jueves, 25 de octubre de 2012

Los escritores y la suerte

Que no les quepa la menor duda de que la vida es injusta. Por supuesto, esa afirmación es válida para los que creen en la justicia, porque yo jamás he tenido alguna evidencia de la justicia o algún beneficio que haya surgido por creer en ella. Un gran ejemplo es la vida de los grandes escritores: poquísimos miembros del canon gozaron de fama y fortuna mientras vivieron, muchos murieron en el olvido y la mayoría ejercía otro oficios para sobrevivir. En realidad la fama y fortuna literaria es más una cuestión de suerte que un resultado de los méritos de la obra.
El ejemplo más perturbador es para mí el caso de John Kennedy Toole. Si usted no ha leído su gran novela, "La conjura de los necios", le sugiero que pare la lectura de este artículo y disfrute de esta gran obra. Y como especial sugerencia lea el prólogo hasta que haya terminado de leerla.
Y es que la novela es con facilidad una de las grandes obras del siglo veinte. Combina humor con situaciones ridículas que en el fondo nos habla de auténticas tragedias: la segregación racial en Estados Unidos, la incapacidad de la sociedad para incluir a la juventud, el desprecio a la cultura y la represión policiaca. Está escrito con una gran soltura, impresiona por sus citas tan cultas en medio de situaciones cotidianas, sus descripciones tan vívidas de los ambientes de Nueva Orleans y del.espíritu de los sesenta.
¿Por qué es tan desconocido un escritor tan genial? La razón está en el atroz prólogo de la obra.
El suicidio de Kennedy Toole tan prematuro es una de las grandes tragedias de la historia de la literatura. Su desesperación queda clara cuando recibe el primer editor el genial manuscrito. Nadie en vida del escritor quiso publicarlo, y la genialidad de la ls obra hace pensar que Kennedy Toole era consciente de su genio y parte de las razones de su suicidio era enfrentar la terrible verdad que el genio no basta para tener éxito en literatura. Si ese fue el destino de uno de los más grandes escritores del siglo veinte, no nos quedan muchas esperanzas a los mortales.
Tal vez nos hemos perdido de grandes obras debido al imperio dr la fortuna. Solamente nos queda consolarnos con los clásicos que conocemos, no perder la fe y buscar los buenos libros por encima de las modas y los prejuicios.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Yo no soy 132

Yo no pertenezco a "Soy 132", aunque estoy en una buena edad para pertenecer a ese grupo e inclusive puedo comulgar con algunas de las ideas que enarbola (la oposición al PRI autoritario y a Televisa, la democratización de los medios e implícitamente la apertura de más espacios a la juventud), inclusive tengo amigos muy cercanos que pertencen al movimiento así como otros que lo ven con muy malos ojos. Independientemente de mi posición política que supongo no es de mayor interés para ustedes, sí creo que vale la pena hacer una reflexión sobre la manera en la cual el movimiento se ha presentado la situación y las interpretaciones que se hace de este fenómeno. 
Mucho se habla de que Internet es la principal responsable del surgimiento de este movimiento, equiparándolo a movimientos como la Primavera árabe o los indignados españoles. Yo tengo mis dudas al respecto, puesto que aunque es verdad que la red se ha convertido en la gran articuladora de algunos sectores específicos de las sociedades alrededor del mundo, lo cierto es que los movimientos sociales de jóvenes son muchísimo anteriores a Internet y dadas las circunstancias las protestas se hubieran dado seguramente sin la existencia de las redes sociales. Por tanto el pensamiento reduccionista que este movimiento se debe a la red primordialmente me parece mediocre y descartable. 
También debemos dejar de lado la idea que ser joven, especialmente de ciertas universidades, de inmediato los vincula con el movimiento. Así como existe "yo soy 132" existen los movimientos de juventudes priístas y panistas, y muchísimos otros que no compartimos la forma de pensar de ninguno de los partidos políticos. Y es que la diversidad de pensamiento de los jóvenes es enorme, pero muchos prefieren resolver los problemas del día a día para conseguir el sustento diario o piensan que el estudio de su respectiva profesión es más importante que las posiciones políticas. Yo pienso que la posición que cada bien toma es respetable, y no participar en política es también un derecho y no está bien que se critique a las personas que prefieren priorizar de una manera distinta sus vidas. 
En todo el transcurso del movimiento se ha presentado la polarización de manera perniciosa. Si vemos con  buenos ojos algún progreso del PRI se nos tacha de vendidos, al igual se nos trata de rijosos si comulgamos con alguna idea que enarbola AMLO. El pensamiento ideológico ortodoxo sin posibilidad de dicenso es una posición que ha causado mucho daño al país y que ha dividido a la sociedad simplemente por la falta de imaginación de un México distinto. El pensamiento crítico exige la construcción de consensos en los puntos medios, y la ortodoxia impide el diálogo y parte de la incapacidad para reconocer al otro como un igual en las mismas circunstancias que nosotros. Se nos olvida que la capacidad de elegir entre distintas posiciones y poder argumentarlas aunque partan de posiciones ideológicas distintas es parte de la capacidad del individuo para pensar y expresar su individualidad, y descartarlo por este motivo es un error y un sinstentido si lo que queremos es una sociedad diversa y pensante. 
Me parece que tomar las calles para expresar una opinión política no es una manera correcta de dar a conocer nuestras opiniones ante la sociedad, por eso yo no participo en esa clase de actividades. También me parece hipócrita de muchas personas sustentar opiniones políticas en contra del capitalismo siendo un hijo de empresario que va a una escuela privada muy cara y con todas las comodidades y además cambiar de opinión política tan fácilmente dependiendo dónde se mueva el viento. La moda de tomar una posición política es perniciosa, y muchos miembros del movimiento considero que no tienen la idea para poder defender sus opiniones políticas asumiendo ellos mismos el costo de sus ideas y no repartiéndola entre sus padres y familiares. Al final esa actitud banaliza el movimiento y le quita seriedad a propuestas de importancia fundamental para el buen funcionamiento del país. 
Me preguntaba hace poco un amigo qué pensaba del movimiento. Lo que pienso es que seguirá el curso que hubiese tenido el movimiento del 68 de no ser por su trágico desenlace: ante el desencanto para no lograr los cambios que se esperaban en poco tiempo, la mayor parte del movimiento se unirá a la sociedad. Los disidentes que permanecerán fieles se radicalizarán con consecuencias que es difícil de ver ahora. Sin embargo el espíritu permanecerá, y cuando esa generación llegue al poder en veinte o treinta años será el espíritu de "yo soy 132" el que habrá de renovar la política a través de las nuevas formas que traen los medios electrónicos de comunicación y los primeros años de la democracia en México. 
Aunque claro, podría equivocarme. Reconocer los errores y aceptar con humor las críticas no son virtudes que se vean en los miembros del movimiento. Debemos cambiar esa actitud porque al final aprendemos mal que bien a vivir en democracia en esta país. Los cambios serán lentos y dolorosos, pero pienso que los cambios aunque pequeños ya son irreversibles y vamos por el camino correcto. Todavía se puede tener fe en México como yo se la tengo, aunque no tenga que marchar bajo una consigna para demostrarlo. 

martes, 23 de octubre de 2012

Los antecedentes del microblog

El auge de Twitter está muy lejos de ser gratuito. Si nos ponemos a analizar con calma el contenido de los tuits descubriremos en realidas viejísimas formas de comunicación que han quedado condensadas en ciento cuarenta caracteres y han potenciado el intercambio de información como un contexto y una participación constante, y no simplemente como un acto unidimensional que caracterizó al siglo veinte.
Para empezar la presencia de citas litetarias es un impulso incontenible para muchos tuiteros. Esa tradición sin duda proviene de tiempos muy antiguos. Ya los clásicos latinos tenían máximas menores a ciento cuarenta caracteres y el uso de frases en los exordios, pintas y hasta clases de literatura ha perpetuado la práctica. El microblog solamente ha expandido la reflexión de las pequeñas piezas maestras.
Es curioso que también el microrrelato sea anterior a esta tecnología, que parecería tan natural de desarrollar en la pantalla. Y es que la capacidad de síntesis de una fotografía, la frase de una canción o poema, o quizás un chiste no tiene mayor necesidad de espacio. Es en la síntesis donde obtiene el microblog su agilidad y el poder de convocatoria que ha alcanzado.
Y es que al final el microblog es la digitalización del papelito que pasaba de mano en mano en la escuela (si jóvenes, antes de que los seres humanos viviéramos dependientes del celular cortábamos papelitos de la parte de atrás de los cuadernos para comunicarnos, razón por la cual se numeraban las hojas en la secundaria). Ahora lo que tenemos es un mundo donde todo mundo se pasa papelitos, esperando una gran revelación en el siguiente mensaje, ahí radica la razón fundamental de esta herramienta: el deseo de saber.

lunes, 22 de octubre de 2012

Los problemas del Ulises

Leí el Ulises de James Joyce completo, lo cual me da autoridad moral para hablar sobre él. La pregunta que me surge a unos dos o tres años de haber hecho esa proeza fundamental es si es recomendable o no leerlo, y a esa pregunta dedicaremos esta entrada.
Es su decisión si quieren leer el gran libro o no, finalmente dudo mucho que sea una experiencia que vaya a marcar su vida, especialmente si usted no es escritor (aún para los escritores no me parece una experiencia excesivamente productiva). Creo que iría más lejos: es decisión de cada quién inclusive decidir leer fragmentos de un libro que supera las mil páginas y que tiene demasiadas partes oscuras y referencias que no son lejanas, así que siéntase sin culpa aún si es escritor de no leer la obra maestra de James Joyce y poder continuar con sus vidas. Al final, como decía Borges, la lectura es generalmente un acto de placer y es un poco ridículo estar sufriendo con los extremos de lenguaje solamente por un prejuicio cultural.
Si mi advertencia anterior no logra disuadirlos de la monstruosa empresa, quisiera darles algunas sugerencias importantes:
1.- Por ningún motivo vayan a leer el "Cómo leer al Ulises" de Gilbert antes de leer al Ulises, tal y como yo hice. El Ulises es un libro fundamentalmente de emociones, impresiones y extremos del lenguaje, hundido en el subconsciente y abierto a la interpretación. Si usted comete ese error, tal vez se decepcione enormemente como yo, puesto que el libro descrito por Gilbert parte de la premisa fundamental de describir un libro que ya existe, pero lo que logra es describir un libro que en realidad no existe pero que puede ser escrito. Ese equilibrio entre el ideal y lo real creo que es una reflexión que el lector no necesita. Lo mejor sería que intentara leer el Ulises, y si decide dejarlo puede darle una hojeada al libro de Gilbert (mucho mejor escrito) y posteriormente regresar a Joyce.
2.- No se angustie por las referencias culturales. Mucho en Joyce es el regocijo por las posibilidades del lenguaje, y si tiene agujeros por falta de conocimiento puede irlas rellenando poco a poco o dejarlas en blanco, ya que le aseguro que ninguna referencia cultural impide entender los mensajes fundamentales del libro, inclusive si ni siquiera han leído la Odisea.
3.- Tiene que estar abierto a las posibilidades. Desarrollar una narración como un catecismo de preguntas y respuestas, además de blasfemo podría ser excesivamente complicado, a pesar de que Ítaca me parece uno de los mejores capítulos del Ulises. La narración fragmentaria, el monólogo interior, el uso de las acotaciones de teatro en Circe o los encabezados de periódico como elementos narrativos requieren de una reflexión y una imaginación que probablemente no quiera dedicar un sábado por la tarde. Si los experimentos formales le parecen divertidos y está dispuesto a seguirlos, entonces es una experiencia disfrutable.
4.- Si debiera regresar de nuevo al Ulises ya no releería completo, pero si regresaría a cuatro capítulos fundamentales: el primero (Telémaco) porque plantea las dudas de Stephen Dedalus de una manera magistral con un ambiente muy oscuro y con una descripción fantástica; el séptimo (Eolos) porque la relación de los encabezados con la acción me parece fantástica; el décimo séptimo (Ítaca) porque de la misma manera el catecismo que se describe es en muchos sentidos la estructura fundamental de la novela; el décimo octavo (Penélope) porque es el capítulo más famoso de la novela y porque muestra sin duda el poder del subconsciente de la literatura. Pero sin duda mi capítulo favorito y que siempre me sorprende es el décimo tercero (Nausicaa) a tal punto que sería el que recomendaría leer: en muchos sentidos relacionada con la escena final de ocho y medio de Fellini, el paso del Santísimo Sacramento en procesión, los fuegos artificiales y el deseo de los amantes que hablan. Es una pieza maravillosa, lo que demuestra el escritor prodigioso que Joyce pudo haber sido y decidió no ser para ser un escritor vanguardista con otra clase de perspectivas.
¿Qué problemas tiene el Ulises? El primero es que se lo dejen leer a muchachos de preparatoria, aunque sean fragmentos. Intentar hilar tantísima información que implica el Ulises a los dieciséis años puede significar una de las experiencias más aburridas y destestables de la existencia, alejando para siempre a posibles lectores de Joyce (experiencia que por increíble que parezca algunos profesores han logrado con Borges). El Ulises sin duda debe quedarse en los recintos universitarios en principio, esperando a todo aquel de cualquier edad que quiera acercarse a leerlo. La gran dificultad es que una de las piezas fundamentales de nuestra cultura es tan críptico que pocos podemos alcanzar a disfrutarlo, y sin duda es el error fundamental de Joyce como novelista. No por ello puede perder valor su gran obra, pero no podemos obsesionarnos con los experimentos formales ya que en principio nos debemos a los lectores, a los personajes y a las anécdotas por encima de la experimentación del lenguaje.  
Les deseo buena suerte si no he logrado disuadirlos. Ojalá disfruten el Ulises tanto como yo las sufrí. Me cuentan qué tal les fue. 

domingo, 21 de octubre de 2012

Contra la lectura

Hace poco hacíamos un ejercicio en clase: contábamos la cantidad de horas que pasábamos a la semana en redes sociales. Aunque no recuerdo los números la conclusión era que en promedio se podía leer un libro al mes con todo ese tiempo. Los números son incontrovertibles, pero la premisa de fondo es fundamental: ¿es mejor leer libros que pasar el tiempo en las redes sociales? Sin duda la respuesta es negativa, y hay que analizar las razones por las cuáles llego a esta conclusión. 
Para empezar debemos dejar a un lado la hipocresía institucional y social que afirma como dogma que la lectura es un acto con muchas virtudes y que no puede ser sustituido por ninguna otra actividad. Gracias a esa actitud tenemos adolescentes leyendo de manera obligatoria el Quijote lo cual es en sí mismo un acto aberrante. Antes de cualquier otra consideración la lectura debe ser un acto de placer para todos aquellos que no se dedican a las letras (los que nos rompemos la cabeza intentando hilar unos cuántos párrafos coherentes tenemos una responsabilidad muy distinta), y por tanto cualquier consigna a favor de la obligatoriedad de la lectura proviene de prejuicios culturales que no llevan a ninguna parte. Y esta impostura es todavía más hipócrita cuando se opone a la lectura el uso de las redes sociales, satanizándolas y descartando su potencial cultural de inmediato. 
¿Qué beneficios reales tiene la lectura? Sin duda el nivel de ejercicio imaginativo que propone es sin lugar a duda mejor que cualquier otra opción que nos pueda venir a la cabeza, pero el hecho mismo de imponer la lectura acaba con esta posibilidad. La posibilidad de ampliar el vocabulario y el aprendizaje de las correctas reglas gramaticales también puede enseñarse a partir de la lectura de blogs y de otras estrategias que tal vez son más limitadas que la lectura pero son más populares entre los estudiantes. Y la reflexión sobre la condición humana que hacen las grandes obras maestras también puede hacerse desde los otros medios si se seleccionan adecuadamente las películas, los programas de televisión y el resto de las expresiones culturales. 
¿Por qué leemos tan poco? Porque la lectura una vez que se ha pasado por las aulas es un acto de individualidad, prácticamente una herejía en nuestra cultura de consumo. Comprar un libro y leerlo es codificar y exponer nuestros gustos, fantasías y anhelos, nuestra actitud hacia la vida y cómo nos gusta interpretarla a diario. Un problema real es que las personas que no leen tienden a ser indiferentes o inclusive intolerantes con las opiniones de los demás, y prefieren leer únicamente aquellas obras donde su ideología y gusto se ven reflejados, rechazando cualquier otra expresión. Pero no es imponiéndonos como disciplina la lectura como podemos mejorar esta situación. 
Las redes sociales fomentan otra clase de diversiones y habilidades. La capacidad de síntesis, el humor, el uso de metáforas visuales y la reflexión sobre la vida cotidiana impera en los comentarios de la red, y son aún más relevantes si proviene de gente que nos importa sentimentalmente o por los cuáles tenemos una admiración personal. Podrá ser Shakespeare el gran maestro de las pasiones humanas, pero jamás se comparará a nivel personal con aquellas palabras que dejó en su muro aquella personita especial o nuestro mejor amigo. El nivel de integración social que exige nuestro tiempo requiere más de la información que encontramos en las redes sociales que la que podemos encontrar en los clásicos. 
¿Esto quiere decir que no debemos leer? Por supuesto que no. Lo que digo es que la lectura en ningún caso debe ser fomentada como una actividad cultural con un valor intrínseco mejor que cualquier otra. Los autores de todos los tiempos deben defenderse por sus propios méritos, y sus lectores deben de llegar por sus propios medios. La sensibilidad es una cuestión de búsqueda, como ha sido siempre; lo único que ha cambiado en nuestros tiempos es la capacidad de acceder a las nuevas y las viejas lecturas, que dejan por primera vez en la historia a juicio de las personas qué leer y cómo hacerlo. 
Las estrategias de fomento a la lectura son deprimentes y equivocadas. No hay peor enemigo de la lectura que la lista de lecturas sugeridas de la SEP para el curso de Español. El educador, como el crítico literario, deberían de ser facilitadores de argumentos y virtudes de los textos; el lector es el último que decide con base en sus gustos y posibilidades qué leer y cuándo hacerlo. De esta manera ya no se parte de una actitud autoritaria basada en prejuicios, sino en una discusión entre iguales donde la lectura se incorpora a la vida del individuo. 
Y no debemos olvidar que la vida moderna no da grandes espacios para la lectura. Los textos requieren de tiempo y concentración, probablemente un lápiz y marcatextos, y de una posición cómoda para poder realizar la actividad. Tiempo y concentración con nuestra carga de trabajo son lujos que no todos nos podemos dar y que tenemos que sustituir con la televisión e inclusive con música los más afortunados. Por tanto agobiar con culpas a los que no pueden leer porque el viernes ya no pueden ni siquiera mantener los ojos abiertos y que prefieren prender la televisión es una posición prejuiciosa que no sirve ni para fomentar la lectura ni para ayudar al prójimo; son simplemente pretextos para molestar a los demás. 

sábado, 20 de octubre de 2012

Vidas mecánicas

El miércoles comí con unos compañeros en uno de los múltiples restaurantes de pizzas que se encuentran afuera de la Universidad (sí, para aumentar mis kilitos de más, y qué), y la verdad es que pasé un momento muy agradable. No puedo evitar sentirme culpable por no haber ido en los más de cuatro años que llevo asistiendo a esa noble institución (por mis kilos de más la única que se siente culpable es mi báscula), porque por unos pesos me divertí y pasé un buen rato sin necesidad de caer en los lugares comunes del antro de moda o la red social aséptica y políticamente correcta. El punto fundamental es que estamos mecanizando a tal punto nuestras vidas que nos olvidamos de todas las prácticas culturales que nos permiten generar una auténtica comunidad para poder enfrentar la crudeza de la vida moderna.  No sólo hay que buscar la integración de profesionales o de vecinos buscando intereses comunes, sino que debemos buscar la generación de auténticas redes sociales que permitan apoyar al individuo frente a una sociedad cambiante y hasta cierto punto amenazadora.
A pesar del uso de las redes que ha traído como gran beneficio la comunicación inmediata de los individuos a tal punto de que, querámoslo o no, la voluntad es el único motivo que puede separar a dos personas (y a veces ni siquiera eso es suficiente, como bien saben los ociosos y ociosas que se la pasan espiando a quien no deben); lo cierto es que también estas herramientas han alejado muchísimo a las personas que se encuentran muy cerca y con las que convivimos diariamente. Basta mirar a los jóvenes en las preparatorias prefiriendo mil veces la comunicación por teléfono celular o computadora que platicar en vivo con la persona, aunque los separe una distancia tan mínima como una mesa de distancia. Y claro, la tendencia no tiene únicamente que ver con los jóvenes: las exigencias cada vez más extenuantes y absurdas del mercado laboral hacen que los trabajadores raras vez convivan entre ellos a pesar de que quizá compartan el mismo espacio laboral durante años e incluso décadas, y los rituales de la familia cada vez más pausados y estereotipados. Probablemente le debamos a la crisis económica, política y social que impide reuniones gracias a la inseguridad, los bajos salarios y la pérdida de espacios urbanos.
¿Qué podemos hacer al respecto? Gracias a la experiencia de la pizzería sin duda lo primero que me vendría a la mente es tener valor y enfrentar todos los obstáculos reales que tenemos para poder encontrarnos con otro ser humano. Yo entiendo lo difícil que puede ser gracias a mi carácter tímido y las exigencias prácticamente absurdas de mi carrera, pero convivir con los que realmente nos importa nos da experiencias que podemos valorar en el futuro y que también mejoran nuestra salud. Y es que no debemos olvidar que redes sociales fuertes apoyan a los individuos mejorando su salud cardiovascular y para enfrentar de mejor manera el duelo, el estrés y el enfrentamiento a las enfermedades terminales. Yo los invito a convivir con las debidas precauciones y rebelarnos frente a nuestra cultura imperante, a demostrar que todavía estamos vivos y no encerrarnos del todo en el cómodo aislamiento que la tecnología nos brinda. Y si van a beber brindan por mí.