martes, 23 de octubre de 2012

Los antecedentes del microblog

El auge de Twitter está muy lejos de ser gratuito. Si nos ponemos a analizar con calma el contenido de los tuits descubriremos en realidas viejísimas formas de comunicación que han quedado condensadas en ciento cuarenta caracteres y han potenciado el intercambio de información como un contexto y una participación constante, y no simplemente como un acto unidimensional que caracterizó al siglo veinte.
Para empezar la presencia de citas litetarias es un impulso incontenible para muchos tuiteros. Esa tradición sin duda proviene de tiempos muy antiguos. Ya los clásicos latinos tenían máximas menores a ciento cuarenta caracteres y el uso de frases en los exordios, pintas y hasta clases de literatura ha perpetuado la práctica. El microblog solamente ha expandido la reflexión de las pequeñas piezas maestras.
Es curioso que también el microrrelato sea anterior a esta tecnología, que parecería tan natural de desarrollar en la pantalla. Y es que la capacidad de síntesis de una fotografía, la frase de una canción o poema, o quizás un chiste no tiene mayor necesidad de espacio. Es en la síntesis donde obtiene el microblog su agilidad y el poder de convocatoria que ha alcanzado.
Y es que al final el microblog es la digitalización del papelito que pasaba de mano en mano en la escuela (si jóvenes, antes de que los seres humanos viviéramos dependientes del celular cortábamos papelitos de la parte de atrás de los cuadernos para comunicarnos, razón por la cual se numeraban las hojas en la secundaria). Ahora lo que tenemos es un mundo donde todo mundo se pasa papelitos, esperando una gran revelación en el siguiente mensaje, ahí radica la razón fundamental de esta herramienta: el deseo de saber.

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